1 / 04 / 2010

Que chistoso es levantarte en la mañana con un dolor de cabeza perturbante por no haber dormido con tu almohada favorita, lavarse las manos y mirarse al espejo en silencio aproximadamente 10 minutos sin pensar. Que chistoso abrir la caja del cereal echarle leche y mirar como van flotando uno a uno, sentarte a comerlos en silencio, mientras recuerdas tu sueño o la última canción que escuchaste antes de dormirte, esta vez fue "Thunderball" si, esa Tom Jones pero en una versión de Mike Patton. Chistoso. Recordar a la última persona que abrazaste, o cuando te fuiste con las lágrimas aguantando en los ojos por despedirte de la gente que siempre ha estado contigo, o la que no, da igual, las despedidas siempre son así, aunque uno no quiera. Recuerdo hacerme la fuerte ante todo, la autosuficiente, la que quebró con la fiel rutina de una familia llena de éxitos y enfermedades "incurables". Chistoso, no? Levantarse de la mesa y lavar la taza y la cuchara que usaste, sentir el agua corriendo por las manos y no pensar, solo sentir ese frío que te recuerda a cualquier cosa sin importancia. Luego de ponerte la ropa y atarte a tu MP3 todo el puto trayecto a tu universidad, mientras miras por la ventana aquellas casas gigantes, esos edificios que tapan una hermosa vista a no sabes quien, los árboles que llaman tu atención y la gente enclaustrada igual que tu a su reproductor de música. Chistoso. Recrear escenas con tus "amigos", claro esos que perdiste, los que no te llamaron nunca más, los que con un fingido abrazo te decían que te extrañaran. Esos amigos. Mejor dicho tus NO amigos. Fingir estar con ellos bebiendo una cerveza o de esos licores fuertes que te gustan solos, o fumando medicina aliviadora de malos ratos. Que recuerdos. Tantos o más que quedan inmóviles a la nueva perspectiva que tienes, a esa de querer estar sola, es autoflagelación por sentir frío y no querer recibir un solo rayo de sol. Chistoso, que de esa que creíste fuerte, tiembla. Se acobarda frente a las muestras de afecto y se mete la idea de llegar luego a su casa para sentirse liberada por ese calido estado. Y se Rie. Se ríe de lo chistoso que se ve huyendo de cosas prácticamente normales para una joven como ella. Pero después no ríe, se irrita y se encierra en sus libros sobre la filosofía moderna del YO. Que culpa tiene el YO de que ella sea tan egoísta con su vida, no con los demás, con ella. Que oculta su rostro cuando ve a los tipos que le gustan, o las niñas lindas. Que goza viendo llover por la ventana, para sentir ese frío como si caminara por la ciudad desnuda. Quien la comprende, quien quiere ponerse en sus zapatos y caminar unas dos cuadras con su carga, con sus demonios que más allá de que haya sobrevivido, aun no la dejan. Y a eso le teme más que a nada. A su pasado contagiado.
Pretende olvidar y crearse un cuento nuevo. Para eso no necesita de su pasado. Solo se necesita un poco de frió, para que oculten esos ojos desesperados, esa manos cansadas de dar, ese corazón tan humano que no la deja crecer.
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